lunes, 20 de abril de 2009

El Cuentacuentos

 Las llamas chisporroteaban sonoramente, la hora se acercaba y la tensión era palpable, los niños nerviosos esperaban ansiosos su llegada, sentados en un semicirculo dejaban el espacio principal para el, nadie osaría ocupar su lugar, era su sitio, y se acercaba su momento.

 Los mas jóvenes rebullían inquietos por la impaciencia, y los mas mayores les susurraban palabras de calma recordándoles lo que esperaban y que si hacían ruido, el no vendría.

 Entonces llego, majestuoso avanzo hacia la hoguera, se detuvo a un par de metros, y observo largamente a los niños, su cabeza se inclino a un lado, luego a otro, su mirada penetrante registraba las expresiones de sus rostros, la hoguera daba un fiero matiz a sus ojos, la llama, reflejada en ellos, apenas era una sombra de su propia fuerza interior.

 El pequeño de los Horren avanzo corriendo hacia el , exclamaciones de sorpresa y -No- apagados se oyeron alrededor del  coro, la regla, era muy clara y muy explicita, solo el orador podía hablar, nadie se movía, nadie mas hablaba, si lo hacían, el se iba y esa noche no había historia.

 El pequeño Horren no entendía esas cosas, le ofreció una piedra, una muy bonita que había encontrado esa mañana en el rio, la piedra en si carecía de valor alguno, pero sabia por experiencia que la guardaría como el tesoro mas valioso, y recodaría siempre quien se la había dado y cuando.

 Bajo la cabeza levemente.

- Conoces las reglas verdad pequeño.

 Era una afirmación, no una pregunta, su voz era profunda, clara, con una cadencia y energía que te dejaba sin aliento, no me cansaba de oír su voz, quizás fuera eso lo que le hacia ser el centro de atención, lo que provocaba todas las noches, esa expectación a su alrededor, el pequeño asintió.

- Pues yo de ti, volvería a mi sitio antes de que se enteren los demás, si no, tendré que irme.

  Le guiño un ojo y el pequeño horren volvió a la carrera a su sitio, una vez estaba todo de nuevo en orden, se acomodo, el circulo ahora, era mucho mas grande, no solo los jóvenes se deleitaban de sus historias, hasta los ancianos lo hacían, todo el pueblo debía estar allí, esperando que empezara a relatarla, satisfecho empezó.

- Hoy vengo a contaros una historia, una historia vieja, antigua como el mundo en que vivimos, pero no creáis que  es falsa, no lo es.

 Hizo una pausa, sabia perfectamente cuando hacerlo, atraer la atención de sus oyentes.

- Yo estuve ahí.

 No, no solo era su cadencia al hablar, no era solo su hermosa voz, tan agradable y segura, no era su increíble modo de tejer las historias, no era la tensión que les daba, ni siquiera su capacidad de contarlas haciéndonos sentir que la estábamos viviendo, era mas que eso, era su porte, su presencia, su realidad, después de todo, ¿que se podía esperar de un Dragón? y no uno cualquiera.
 ¡EL PRIMER DRAGÓN!

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