Una nueva gota de sudor recorrió su rostro, llevaban toda la noche y la mañana en el mismo lugar y así seguiría todo el día hasta que el sol volviera a ocultarse, era la primera parte de la prueba que todo potro debía pasar para ganarse el nombre cerro los ojos ignorando el intenso calor agudizado por la falta de nubes, los mayores pasaban de cuando en cuando preguntando a los potros como pensaban ganarse el nombre, reprendiéndolos e incitándolos a abandonar la empresa, algunos lo hicieron.
Una voz le saco de sus pensamientos, cuando abrió los ojos se dio cuenta de que la tarde había avanzado.
-¿como piensas ganarte el nombre?
Miro a los ojos al centauro que tenía delante, su abuelo, le faltaba un brazo, fruto de su implicación en las guerras del exilio, algo que parecía que se tenia que repetir, cogió aire y respondió con orgullo.
-Me dirigiré al sureste, a donde la guerra asola, luchare con brazo fuerte e incesante alcanzando así la gloria y renombre para mi pueblo
No esperaba el golpe, llego tan de improviso como inesperado, trastabillo y perdió pie, un hilo de sangre broto del labio partido, la furia era visible en los ojos del anciano, los labios prietos y un desprecio autentico no dejaban lugar a dudas lo que pensaba del potro.
-Si sangre de mi sangre pretende ganar la gloria derramando con alegría la sangre de otros seres prefiero que muera aquí mismo o que jamas regrese
-Nuestro gran héroe hizo eso, batallo con valor, por eso seguimos su ejemplo y salimos a conocer mundo, tu mismo obtuviste tu nombre siguiendo su ejemplo
Esta vez esperaba el golpe pero no lo esquivo, recibió el golpe con estoicismo, miro desafiante al anciano mas no hizo gesto alguno de devolver el golpe.
-Escucha mis palabras y recuerdalas cuando salgas potrillo, un héroe no mata ni por placer ni por gloria, lo hace porque no tiene otra opción, lo hace porque las circunstancias lo obligan, ya que quieres seguir su estela harás bien en empezar por el norte, visita la tumba de los caídos, habla con El adalid de la historia, que te cuente la verdad del héroe, decide entonces si quieres ser su eco o resonar con voz propia
El anciano se furioso, aprovecho para calmar sus ánimos, no limpio la sangre que seguía manando del corte, en lugar de ello empezó a pensar en lo que acababa de suceder, respetaba al centauro de eso no cabía duda alguna, pero porque se había enfurecido de ese modo. No dispuso de demasiado tiempo para pensar, el sol terminaba de descender y los ancianos se disponían a soltar a los potros para que regresaran como centauros o no regresaran jamas.
-Te despojo de tu identidad, a partir de ahora no eres nada, dejas de ser un potro de la tribu, seras un potro salvaje, parte y vuelve como centauro o no regreses
Esa letanía se repetía a cada potro que debía superar la prueba, mientras se hacia la crin y la cola eran cortadas, no debían regresar antes de que les creciese de nuevo, y no debían permitir que creciera hasta que consideraran que podían mantener a una pareja solo con los conocimientos adquiridos, así era, las hembras no debían pasar la prueba, los centauros eran una sociedad tremendamente machista. Le toco el turno, mientras le repetían la letanía cortaban su crin y su cola, sintió cada corte, cada pelo sesgado, como si cortaran directamente la piel, pero no dijo nada, apenas terminaron se dirigió a la salida del pueblo, ya no se le permitía hablar con nadie, estaba solo.
Descendió por el camino lentamente, vagando sin rumbo, hasta que su abuelo le había hablado tenia muy claro que hacer, ahora ya no estaba tan claro, las dudas asaltaban su cabeza, decidió hacer caso a la experiencia y se dirigió al norte galopando. No llevaba ni una hora al galope cuando su abuelo le salio al paso, se detuvo en el acto, agacho la cabeza y lo rodeo.
-El adalid no atiende a cualquiera-dijo mientras pasaba a su lado- necesitaras algo que llame su atención
Dicho esto le entrego un collar, no había nada de maravilloso en el collar, una sencilla piedra engarzada en un cordel común, vieja y desgastada por el tiempo.
-La ley prohíbe cualquier tipo de ayuda, debemos depender de nosotros mismos
-Potrillo insolente- dijo el anciano- conozco la ley mejor que tu, coge la piedra, ya entenderás su significado mas tarde, veremos si entonces la consideras una ayuda
Nada mas terminar de hablar y sin despedirse galopó hacia el pueblo, en una mezcla de desconcierto y orgullo se tomo un momento para colocarse el collar y reemprendió su propia marcha hacia el norte, allí donde encontraría respuestas.
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